jueves, 24 de septiembre de 2009

Vámonos donde quieres ir


Me dijo mi mujer. Me lo ha cumplido ella. Y supimos enseguida cómo era tenerlo todo hecho: el difícil OK de las reservas; las plazas de un avión que tienen un precio diferente en cada momento; un hotel que el lujo se le sale hasta fuera; un sitio en “The Riber Café” para no tomar nunca café, situado bajo el Brookling Bridge sino poder divisar hasta la Estatua de la Libertad con la mirada, allá lejos, casi al alcance de la mano, cierras un poco los ojos y luego se deja ver, casi se deja hacer.


Me lo hicieron muy fácil, me mandó enseguida una chica que su placer en la red es organizar viajes, diez o doce e-mails con todas las confirmaciones que quedan en la tierra, lo que podría ver luego desde la memoria. Hasta ya casi a las doce me envió un sms con más maneras de decirme que sí, que me podía ir dónde quise ir siempre. Me tuve que contener para no contestarle doce veces. Luego me mandó algún seguro para que estuviera seguro de no quedarme en tierra, un saludo, y yo un beso simplemente. Al final he conseguido que me envíe un abrazo.

Qué bello sueño: organizar viajes aunque no los fuera a hacer nadie, hay cosas que se aprovechan pensando cómo hacerlas aunque no se consuman. Le prometí un día mandarle los números de una tarjeta sin dinero, en lugar de la mi mujer, para que haga lo que quiera o una de esas mías con oro hasta los bordes que dan miedo porque ya te la están cobrando antes que la vea nadie.

Todo está organizado en pocas horas por la hija de un hombre que lo tuve a mi lado trabajando, los mejores años que fueron muy pocos porque la vida se lo llevó con impaciencia, con esa luz de falta de paciencia que nos moja los ojos y nos quita al mejor compañero. ¡Ché, no podías haberme quitado otro!

Supe de ella, supe de su hija, nada más nacer, ahora ella me dice que han pasado muchos años y a mí me parecen muy pocos porque ya me deben quedar pocos. Pero pueden ser unos días que supongan lo poco que a veces cuesta tener la gloria, cosa de un otoño, de seis días y seis noches en Manhatan, en el Hilton New York, es la ventaja de ir con un médico glorioso y exigente. Y su pareja, que es la única mujer en mi vida que me ha enviado flores.

Hacer este viaje puede servir como dice el poeta José Luis Piquero para “morirse con algún objetivo”. Ha coincidido: yo llevo también los mismos años, más o menos, esperando, él en su silencio tras su último libro ha estado aguardando como yo “lo que viene antes y después del poema”. Yo no tenía versos pero estaba dispuesto a no tachar más páginas a ver si de una vez me hacía poeta. Me he quedado tranquilo, no hace falta porque “la poesía no son los versos, sino la mirada, la sensación, el hallazgo.”

Voy a viajar, por la ruta de la mujer que organiza viajes para que a lo mejor no viaje nadie; la mujer que ayer me decía, no te extrañe que te envíe un día de estos un mail con algún posible viaje que tenga mirado, aunque no vayas a ir, solo para soñar un poco…

Esta vez –mujer que organizas viajes posibles e imposibles a la vez- que hasta noto el roce de tu vestido cuando los haces, voy a cumplir un sueño de hace tiempo: pasearme despacio por la Quinta Avenida. No tenía quién me hiciera las reservas sin habernos dicho antes ni una sola palabra en la tierra.

Dejaré por unos días las mañanas que comienzo en que yo siempre quiero ser el libro que estoy leyendo. Mi mujer anda durmiendo, me deja que me emborrache leyendo sin haber probado el vino. Entre los dos vamos a arrancar la vida aún a tiempo para hacer ese viaje que siempre más que hacer, hay que tener. Siempre detrás de las palabras no me había dado cuenta que iba a amanecer un día que podría traerme el goce casual que iba a dejarme exactamente donde quise ir, gracias a ella.

Añadido me trajo, como haciendo el camino, la belleza imposible de un sueño hecho destino, un destino que me lo iba a buscar una chica que hasta ya está pensando conmigo, un nuevo camino. Tú lo haces lentamente, seguro que habrás pensado, no te preocupes, yo sabré hacértelo exactamente a tu medida, de ti y de quién ha construido su vida junto a la tuya tantos años.

Eso cuesta, hay que tener gestos y libertades al mismo tiempo, hay que saber entender por parte de mi propia mujer lo que quizá entre estos papeles nadie hubiera entendido, absolutamente nadie.

4 comentarios:

BB dijo...

¡Qué maravilloso, Fran!
Esos preparativos, las reservas,
los cambios de tarifas, el hotel,
y toda la parafernalia que rodea
a una vacación, a un viaje.
Pero, es lindo viajar, desprenderse
un poquito de uno mismo, soñar,
ser otro, aprender cosas nuevas.
Yo he estado en ese hotel que
han escogido para tí. Fíjate,
a lo mejor, habríamos coincidido...
Y los acompañaría en esos paseos
por la Quinta Avenida, a paso
lento, escuchando su latido y
totalmente embriagados, enamorados
de la maravilla que es esta
preciosa y enajenante ciudad.

Y los libros, en donde te sumerges,
esperarán por tí, para que les
cuentes, para que los hagas partícipes de esta aventura, que
soñaste, soñarla.
Give my regards to Broadway...
Un beso
BB

Fran dijo...

Era un sueño hacerlo hace mucho tiempo, y ahora sin pensarlo las oportunidades de la vida hay que cogerlas al vuelo.

Efectivamente, los libros esperarán.

Un beso

Anónimo dijo...

Yo tengo ese sueño, solo q no me atrevo sola,al no conocer el idioma, lo de sola no me importa estoy acostumbrada y me siento feliz asi, sin tener q dar explicaciones y sentandome en ese banco q las palomas posan sin permiso.Pero no dejo de la ilusiòn de hacerlo, quizas de vueltas, pero con la esperanza de ir.Sabes una cosa , termino un viaje y la agenda repleta de otros, solo q la economia me retiene, hay q darles un plazo, yo hasta dejaria de comer un tiempo con tal de reunir, para salir volando.
Ya contaras, quien es la q prepara los viajes por si llega el presupuesto, hasta pediria prestado por pasar las Navidad alli. un proyecto q tenia con mi hermano y se fue a pique.
Te contestarè en otro momento a tus letras, hoy no es el dia màs adecuado, los recuerdos me abruman.
Besos maria dolores.

Fran dijo...

María Dolores, haz como yo que tenía el sueño de no morirme sin ir a Nueva York.

Reume como sea ese dinero, privándote de otas cosas, no haciendo, quizá, viajes más cortos y naturalmente sabrás de esta maravilla de mujer para organizarlos.

Mis condiciones física no son las más adecuadas, pero caminaré lo que pueda por aquellas avenidas, me sentaré, entraré en las tiendas, oiré jazz, viviré un país que todos dicen que es único.

Al go escribiré antes de irme.

Cuídate.

Un beso